Regla de San Benito
San Benito de Nursia es el gran inspirador del monacato occidental. En 540 escribió su Regula monasteriorum, por la que se han regido todos los monasterios benedictinos de la llamada, impropiamente, Orden de San Benito y de las que fueron surgiendo de ella, a lo largo de los siglos, como consecuencia de diferentes movimientos reformadores. Fue adoptada también por la mayor parte de las órdenes de caballería. Una gran influencia en su difusión la tuvo San Benito de Aniano que, durante el imperio carolingio, logró imponerla a todos los monasterios europeos.
San Benito no tuvo el propósito de fundar una orden religiosa, por este motivo la regla está concebida para laicos que quisieran seguir en comunidad una vida cercana a los preceptos evangélicos. A pesar de su evolución posterior, los benedictinos han conservado siempre unas características diferenciales con el resto de las órdenes.
Suele sintetizarse el espíritu de la regla en el conocido lema de «Ora et labora», «reza y trabaja», que viene a resaltar la importancia del trabajo como actividad cotidiana de todo hombre. El trabajo no es un castigo, sino un medio de acercarse a Dios y un método de autodisciplina de la propia naturaleza humana.
Junto a esa actividad desarrollada en presencia de Dios, está la oración comunitaria por medio del Oficio Divino que se reza en siete ocasiones, a lo largo del día, complementada por la oración privada, realizada por aquellos monjes que lo deseen.
La comunidad se constituye como una gran familia que trabaja y reza en común, bajo la autoridad del abad, elegido por todos los miembros como cabeza de la misma, y a cuya discreción se dejan muchos aspectos. La regla, en sus 73 capítulos, ordena minuciosamente la vida de todos ellos, descendiendo a detalles como el hábito, la comida, la bebida, el sistema de trabajo y otros aspectos cotidianos.
El único voto que emiten los benedictinos es el de obediencia, junto con las promesas de estabilidad, en cuanto compromiso de compartir la vida, y de conversión de costumbres. Curiosamente, aunque la regla prohíbe a los monjes poseer bienes individuales, no hacen un voto explícito de pobreza.
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