Regla de San Basilio
San Basilio nació en Cesárea de Capadocia en 323. Estudió en Constantinopla y Atenas, llegando a adquirir una profunda formación. Su deseo de perfección le llevó a recorrer diversos lugares de Oriente donde se practicaba el ascetismo, en las primeras fundaciones cenobíticas y, a su regreso, se retiró a la aldea de Annesi, en el Ponto. El arzobispo de Cesárea, Eusebio, le ordenó presbítero y, a su muerte, le sucedió en la silla episcopal. A pesar de algunas dificultades, mantuvo su comunión con la sede de Roma. Murió en 379 y es uno de los grandes doctores de la Iglesia griega.
Entre otras muchas obras que se le atribuyen, figura su Regla, redactada a su regreso de Oriente para que sirviera como inspiradora del movimiento cenobítico que inspiró. El origen de la misma es una carta dirigida a San Gregorio Nacianceno, de la que surgieron las llamadas 55 reglas largas y las 313 reglas breves, recopiladas por su discípulo Rufino. Por ellas se rige todo el movimiento monástico oriental que tiene sensibles diferencias con el de occidente, pues, a diferencia de éste, los monasterios orientales son independientes entre sí. Su regla tampoco tiene el carácter de código regulador de la vida monástica, sino que es un conjunto de normas, fundadas en la Sagrada Escritura, para servir de enseñanza en la práctica del ascetismo religioso. La pobreza, la obediencia, el alejamiento del mundo y la renuncia del monje constituyen el fundamento de sus enseñanzas, aunque concede amplia libertad a cada superior para la organización de su monasterio en sus aspectos prácticos.
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