Pureza
Relacionada habitualmente con la virtud de la Castidad es, sin embargo, algo más: un estado del alma libre de pecado como se encontraba el hombre en el momento de la Creación y que adquirimos por la gracia del Bautismo, aunque nuestra debilidad nos aboca de nuevo a recaer en la tentación.
Y una de ellas es, efectivamente, la inclinación a la concupiscencia y a los apetitos de la carne, como enseña el Catecismo, que recuerda la necesidad de mantener una pureza de intención, encaminada a buscar el fin verdadero del hombre, mediante el cumplimiento de la voluntad de Dios
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.