Púlpito
Es la tribuna elevada y situada a los lados de la nave del templo, desde la que se efectuaba la predicación.
En la antigüedad clásica, el pulpitum era el lugar donde los magistrados romanos impartían justicia.
Dentro de la liturgia cristiana era preciso disponer de un lugar para la proclamación de la Palabra divina y ya en las antiguas basílicas se dispuso de ambones situados junto al presbiterio, una ubicación que se mantuvo en los templos de época visigótica y románica.
Sin embargo, conforme el tamaño de esas construcciones iba siendo mayor, surgió la necesidad de modificar su emplazamiento con objeto de facilitar la audición a los fieles. Esto se hizo sentir, de manera especial, con el desarrollo de las órdenes religiosas dedicadas a la predicación.
Por este motivo, fueron construyéndose púlpitos en mitad de las paredes laterales de la nave, generalmente adosados a las columnas.
En todo púlpito existía una plataforma o tribuna, con su correspondiente antepecho, donde se situaba el predicador; el apoyo de la plataforma y el sombrero o tornavoz, situado a una cierta altura de la tribuna para que la palabra sagrada se proyectara hacia el lugar que ocupaban los fieles y no se dispersara por las bóvedas. Al púlpito se accedía por unas escaleras que debían ser visibles y construidas de tal forma que el predicador, al subir o descender, no diera la espalda al presbiterio. De ahí, la forma en espiral que adoptan.
Considerado como la cátedra del Espíritu Santo, este carácter se evidenciaba pintando en el interior del tornavoz, una paloma que representaba a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.
Cada estilo arquitectónico ha dejado muestras espléndidas de púlpitos, construidos en todo tipo de materiales, que alcanzan su esplendor en época barroca.
Inicialmente, hubo uno solo, aunque con mayor frecuencia se construyeron dos a la misma altura del templo y enfrentados.
La introducción de los sistemas de megafonía y las reformas litúrgicas han dejado sin uso a los púlpitos mientras cobraba, de nuevo, especial protagonismo el ambón.
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