Puerta Santa
El concepto de «Puerta Santa» está unido al de «Año Santo» o «Año Jubilar», dado que la apertura de la misma daba inicio a ese período de especial significado litúrgico.
Fue el Papa Bonifacio VIII quien, por primera vez, proclamó en 1300 un Año Santo Jubilar en Roma, donde se han venido celebrando, cada 25 años, salvo circunstancias excepcionales.
En 1423, el Papa Martín V instauró el rito simbólico de abrir una Puerta Santa en la basílica de San Juan de Letrán, que es donde tiene su sede episcopal el Sumo Pontífice. Alejandro VI en 1499 lo amplió a las otras tres basílicas mayores de Roma, la de San Pedro del Vaticano, la de Santa María la Mayor y la de San Pablo extramuros.
Las puertas, permanentemente cerradas, se abrían al inicio del Año Santo, en una ceremonia presidida por el Papa que golpeaba tres veces con un martillo el muro interior que las ocluía, el cual volvía a ser levantado al final del Año Jubilar, colocando el Pontífice la primera porción de mortero con una paleta especialmente diseñada para este cometido. Esta ceremonia fue simplificada por San Pablo VI, en 1975, y desde entonces el cierre y apertura de la puerta se realiza con su correspondiente llave.
Lo habitual era que el Papa abriera la puerta de San Pedro del Vaticano, delegando en un cardenal la función de abrir las puertas de las otras tres basílicas, pero San Juan Pablo II decidió hacerlo personalmente en todas, aunque comenzando por la de San Pedro.
En toda la Cristiandad solo había otros dos lugares que tenían concedido el privilegio de contar con una Puerta Santa y los dos en España, la catedral de Santiago de Compostela y el monasterio de Santo Domingo de Liébana, en el que se conserva el mayor fragmento del Lignum Crucis, al inicio del Año Santo Compostelano y del Año Santo Lebaniego, respectivamente.
En 2013, el Papa Benedicto XVI lo concedió a la Basílica Catedral de Notre-Dame de Quebec (Canadá), con motivo de su 350 aniversario, por ser la primera parroquia erigida en América del Norte.
También se suele citar la Puerta Santa de la catedral de Nuestra Señora de Bangui (República Centroafricana) dado que allí el Papa Francisco inició el Año Jubilar de la Misericordia. Sin embargo, hay que recordar que este Pontífice modificó sensiblemente el concepto de Puerta Santa al disponer que tuvieran ese carácter las de todas las catedrales, santuarios e iglesias que los obispos diocesanos establecieran, así como las capillas de las cárceles, llegando a comentar que «cada vez que un recluso atraviesa la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda ese gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa».
El simbolismo de la Puerta Santa está unido a la figura de Jesucristo, dado que como Él mismo manifestó: «Yo soy la puerta» y sólo se puede ir al Padre a través de Él. A través de ella, los fieles pasan desde el exterior del mundo a un recinto sacro, en actitud de perdón y de reconciliación.
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