Pueblo de Dios
En el Antiguo Testamento esta frase se aplica con frecuencia al pueblo de Israel, el pueblo elegido, pero también está presente en las Epístolas de San Pablo para referirse a la Iglesia.
La expresión ha cobrado actualidad, dado que el capítulo II de la constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II se titula, precisamente, «El Pueblo de Dios».
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