Primera Lectura
Las reformas litúrgicas introducidas, tras el Concilio Vaticano II, por el Papa San Pablo VI concedieron una especial relevancia a la Liturgia de la Palabra, dentro de la celebración de la Santa Misa.
Hasta ese momento, tan sólo se proclamaban dos lecturas: la Epístola y el Evangelio. Siguiendo las recomendaciones de la Constitución Sacrosantum Concilium y los trabajos del Consilium para la Reforma Litúrgica, fueron introducidas, con carácter obligatorio, tres lecturas en todas las celebraciones eucarísticas correspondientes a los domingos y festivos.
La primera de ellas, con carácter profético, está tomada del Antiguo Testamento, salvo en tiempo de Pascua en el que se leen los Hechos de los Apóstoles con todos los episodios acaecidos tras la Resurrección del Señor.
Para que los fieles puedan tener un conocimiento de los aspectos más importantes de la Sagrada Escritura se establecieron tres ciclos que se repiten cada tres años. Las lecturas correspondientes a cada uno de ellos figuran en un Leccionario.
En el resto de celebraciones se utilizan, únicamente, dos lecturas. En esos casos la primera lectura equivale a la segunda o epístola, por lo que este término puede prestarse a confusión.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.