Predicación
La vida pública de Jesucristo fue una constante predicación de la Buena Nueva y, tras su Resurrección, en el momento de partir a los Cielos, encomendó esa misión a sus apóstoles: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio» (Mt 28, 19. La versión actual de la Biblia ha modificado ligeramente la traducción textual del mandato divino). En cumplimiento de ellos, aquellos apóstoles «fueron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban (Mc 16, 20).
Desde entonces, la Iglesia ha continuado esa tarea, como parte fundamental de su magisterio, a través de la catequesis y de la predicación, tanto entre los que no conocen todavía el mensaje evangélico, como entre todos los fieles cristianos, sobre los que la predicación, en sus distintas formas, contribuye a profundizar en el conocimiento de la Palabra.
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