Precedencia
El término puede hacer referencia, por un lado, a las celebraciones litúrgicas cuya precedencia se fija en el calendario romano.
Las más importantes son el Triduo Pascual, Navidad, Epifanía, Ascensión, Pentecostés. Siguen los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, el Miércoles de Ceniza, los restantes días de la Semana Santa (fuera del Triduo Pascual) y la octava de Pascua. A continuación las solemnidades del Señor, de la Virgen María y de los Santos; la conmemoración de los fieles difuntos. El siguiente nivel corresponde a las fiestas, los domingos del tiempo de Navidad y los del tiempo común; los días de Adviento entre el 17 y el 24 de diciembre, los de Cuaresma y la octava de Navidad. Finalmente, las memorias obligatorias, las facultativas y los días restantes del año litúrgico.
Pero hay, asimismo, una precedencia en el orden protocolario, similar al de otras corporaciones.
Esta precedencia se establece con arreglo a unas normas que establecía el antiguo Código de Derecho Canónico:
Precede el que tiene autoridad sobre personas físicas o morales.
Si ninguna tiene autoridad sobre otras, preceden las que tengan jurisdicción y orden mayores sobre las que los tengan inferiores. Hay también normas en los casos de igualdad de orden y jurisdicción.
En el caso de igualdad de jurisdicción y orden desigual, el mayor precede al menor y si las órdenes son iguales, preceden aquellos a los que les han sido conferidas por el Papa y los restantes por la antigüedad de la ordenación y, en caso de igualdad, por edad.
Los cabildos catedralicios o colegiales preceden a todos los religiosos y el clero secular al regular; los monjes a los otros regulares y, en el caso de la congregaciones, las de Derecho pontificio a las diocesanas. En un mismo lugar el orden de precedencia se establece entre iguales por la fecha de erección del respectivo monasterio o convento.
Las Terceras Órdenes preceden a las archicofradías; éstas a las cofradías y las cofradías a otras asociaciones pías. Para cada una de ellas prima la antigüedad de su fundación en el lugar, aunque se contempla la posibilidad de ciertos privilegios quieta y pacíficamente disfrutados en el tiempo.
Aunque estas cuestiones aparentemente han quedado relegadas en la actualidad, no es así, como puede comprobarse en el orden de desfile de cualquier procesión, en las que la precedencia se fija en función de la proximidad a la imagen titular.
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