Posición de las manos en las celebraciones litúrgicas
En el transcurso de las celebraciones litúrgicas y especialmente en el de la celebración de la Eucaristía, las manos adoptan las posiciones prescritas en determinados momentos.
Una de ellas es la de mantener la manos juntas, que según el Ceremonial de Obispos, ha de realizarse con todos los dedos unidos y el pulgar derecho cruzado sobre el izquierdo, apoyando el derecho en el pecho. Esta postura se adopta también en las procesiones. Cuando el celebrante mantiene algo con la mano derecha, la izquierda debe permanecer apoyada en el pecho. Cuando se sienta, las manos permanecen apoyadas sobre las rodillas.
Hasta las últimas reformas litúrgicas era obligatorio que el celebrante mantuviera unidos los dedos índice y pulgar de cada mano, tras la consagración y hasta la purificación, en señal de respeto porque con ellas había tocado el Cuerpo de Cristo. Por este motivo utilizaba para asir los objetos litúrgicos el dedo medio y la parte exterior del índice. Para facilitar el paso de las hojas del misal, existen unas tiras fijas a los bordes del mismo, generalmente de color rojo.
Otra postura corresponde a la de manos extendidas que, desde los primeros tiempos de la Iglesia está asociada a la oración. La forma más adecuada de realizarla es la de extender los brazos a una altura conveniente, no excesiva, manteniendo unidos los dedos de las manos y las palmas hacia abajo y nunca hacia el frente.
La forma de realizar la bendición varía, según que la imparta un sacerdote o un obispo. En este último caso las rúbricas establecen que, tras colocarse la mitra dice: «Dominus vobiscum» (El Señor esté con vosotros), a lo que el pueblo responde «Et cum spiritu tuo» (Y con tu espíritu). Después traza una cruz sobre su pecho con la mano derecha, mientras dice: «Sit nomen Domini benedictum» (Alabado sea el nombre del Señor), a lo que se responde «Ex hoc nunc et usque in saeculum» (Ahora y por siempre). A continuación se santigua diciendo: «Adjutorium nostrum in nomine Domini» (Nuestro auxilio es el nombre del Señor), siendo respondido por el pueblo con: «Qui fecit caelum et terram» (Que hizo el cielo y la tierra). Abre entonces los brazos y levantando las manos a la altura de la cabeza recita: «Benedictio Dei Omnipotenti» (La bendición de Dios todopoderoso), tras lo cual toma el báculo con la mano izquierda y con mano derecha imparte la bendición mientras dice: «Patris, et Filii et Spiritu Sancti descendat super vos» (del Padre, del Hijo y del Espíritu descienda sobre vosotros), mientras traza una cruz al mencionar cada una de las tres Personas, la primera a la izquierda, la segunda en el centro, y la tercera a la derecha. Existen otras fórmulas que pueden ser utilizadas.
Si la imparte el sacerdote, la Instrucción General del Misal Romano establece que debe extender las manos mientras dice: «Dominus vobiscum» (El Señor esté con vosotros), a lo que el pueblo responde «Et cum spiritu tuo» (Y con tu espíritu). Seguidamente une sus manos e inmediatamente coloca la mano izquierda en el pecho, y tras recitar «Benedictio Dei Omnipotenti» (La bendición de Dios todopoderoso), traza la señal de la Cruz con la derecha diciendo: «Patris, et Filii et Spiritu Sancti» (del Padre, del Hijo y del Espíritu), aunque hay otras fórmulas para las bendiciones solemnes en determinadas solemnidades de año litúrgico.
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