Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia
Creada por San Juan Pablo II, en 1993, en sustitución de la Pontificia Comisión para la Conservación del Patrimonio Artístico de la Iglesia, surgida cinco años antes en el ámbito de la Congregación para el Clero, es un organismo independiente que tiene como competencia la tutela del patrimonio histórico y artístico de toda la Iglesia, colaborando en la conservación de este patrimonio con las Iglesias particulares y los respectivos organismos episcopales. Al mismo tiempo se encarga de promover una sensibilización cada vez mayor en la Iglesia sobre estos bienes, de acuerdo con las Congregaciones para la Educación Católica y para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
La Comisión mantiene contactos periódicos con el Pontificio Consejo de la Cultura a fin de que, como dice el Motu Proprio, se asegure «una sintonía de finalidades y una fecunda y recíproca colaboración». Además sigue y coordina, junto con este Dicasterio, todo lo concerniente a las actividades de las Pontificias Academias.
Al frente de la misma hay un arzobispo y en ella trabajan 16 miembros y 23 consultores que llevan a cabo una importante labor a través de una serie de Cartas-Documentos sobre aspectos concretos del Patrimonio Cultural de la Iglesia.
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