Pobreza
Como señaló San Juan Pablo II en una catequesis de 30 de noviembre de 1994, la opción personal por la pobreza facilita el seguimiento de Cristo, en el ejercicio de la contemplación, de la oración y de la evangelización.
Señalaba que Él al hacerse hombre eligió vivir como pobre y cuando aquel joven rico le preguntó qué debía hacer para ganar la vida eterna, Jesucristo unió el consejo de pobreza al de Caridad hacia los pobres indicándole: «Anda, vende cuanto tienes, dáselo a los pobres y así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme» (Mc 10, 21).
Y, por ese motivo, la Pobreza es uno de los tres consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia) que, mediante la emisión de voto solemne, asumen los que profesan en un instituto de vida consagrada.
Pero la Iglesia invita a todos a asumir ese espíritu de pobreza, recordando las palabras de Cristo: «No se puede servir a dos señores. O se sirve a Dios o se sirve al dinero» (Lc 16,13; Mt 6, 24).
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