Perfusión
En castellano es la acción de bañar o rociar. En sentido litúrgico se contrapone el bautismo por perfusión, rociando con agua, al antiguo bautismo por inmersión en el que el catecúmeno era introducido en la piscina de los baptisterios.
También era llamado «perfusión» al acto de lavarse el sacerdote los dedos, después de la comunión. Se realizaba sobre el cáliz con una pequeña cantidad de agua que se dispensaba con la correspondiente vinajera y que después se sumía, limpiando el cáliz.
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