Pecado mortal
El pecado, como señala el Catecismo de la Iglesia Católica, es una falta contra la razón, la verdad y la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes.
Los pecados se pueden dividir en función de su objeto o según las virtudes a las que se oponen o los mandamientos que quebrantan. Pueden ser de pensamiento, palabra, acción u omisión.
Según su gravedad, la tradición de la Iglesia distingue entre pecado mortal y venial. Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: que tenga como objeto una materia grave, que sea cometido con pleno conocimiento y, además, con deliberado consentimiento.
La materia grave es la que precisa los Diez mandamientos, aunque esa gravedad puede ser mayor o menor en función del correspondiente pecado y de la persona afectada por el mismo.
El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre y le aparta de Dios que es su fin último, al preferir un bien inferior. Entraña la privación de la gracia santificante y, si no es rescatado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, ocasiona la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna en el infierno.
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