Padrenuestro
Es, sin duda, la oración más importante que rezamos los fieles cristianos por ser la que el propio Jesucristo nos enseñó.
Según el relato del evangelio de San Lucas, fue uno de sus discípulos quien, al verle rezar en silencio, le pidió que le enseñara a orar, como Juan enseñaba a sus discípulos. En el evangelio de San Mateo, tras el Sermón de la Montaña es cuando Cristo presenta el Padrenuestro como un sencillo modo de dirigirse a ese Padre que es Dios para todos los hombres.
El Padrenuestro ha estado presente en toda la vida de la Iglesia. Forma parte de los tres Sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y, por supuesto de la Eucaristía. Se recita también en la Liturgia de las Horas y, como resalta el Catecismo de la Iglesia Católica, al que dedica la segunda sección de su última parte, es el resumen de todo el Evangelio. Es en la Liturgia eucarística donde, la Oración del Señor, aparece como la oración de toda la Iglesia, situada entre la Anáfora y la liturgia de la Comunión.
En su versión actual, el texto del Padrenuestro, que toma su nombre de sus dos primeras palabras, es el siguiente en latín y español: Pater noster, qui es in caelis,
Padre nuestro que estás en los cielos, sanctificetur nomen tuum.
santificado sea tu nombre. Adveniat regnum tuum.
Venga a nosotros tu reino. Fiat voluntas tua, sicut in caelo,
Hágase tu voluntad, así en la tierra como
et in terra.
en el cielo. Panem nostrum quotidianum da nobis
Danos hoy nuestro pan de cada día;
hodie, et dimitte nobis debita nostra
perdona nuestras ofensas sicut et nos dimittimus debitoribus
como también nosotros perdonamos a los
nostris.
que nos ofenden; Et ne nos inducas in tentationem,
no nos dejes caer en la tentación, sed libera nos a malo.
y líbranos del mal.
Muy pronto, en la práctica litúrgica, se le añadió una doxología final: «Tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre Señor. Amén».
Conocida, también, como «Oración Dominical», el Padrenuestro se compone de una invocación inicial en la que el cristiano se dirige a Dios, antes de formularle las siete peticiones que figuran en su texto. Las tres primeras tienen por objeto la Gloria del Padre: la santificación de su nombre, la venida del reino y el cumplimiento de su voluntad. Las cuatro restantes responden a deseos concernientes a nuestra propia vida, para alimentarla o para sanarla del pecado, hasta alcanzar la victoria definitiva del Bien sobre el Mal.
El Catecismo resalta, asimismo, su carácter escatológico como oración de los «últimos tiempos», tiempos de salvación que han comenzado con la llegada del Espíritu Santo y terminarán con el regreso del Señor. Las siete peticiones son, en ese sentido, la expresión de «los gemidos del tiempo presente, ese tiempo de paciencia y de espera durante el cual aún no se ha manifestado los que seremos».
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