Misa seca
En realidad no es una Misa, ya que, en ella, no se consagraba. Aunque tuvo un origen diferente, pues era la que se celebraba en las casas de determinados enfermos que no podían acudir a la Iglesia. Su uso se generalizó en las galeras y otros buques de guerra.
Como el movimiento habitual en la mar podía provocar el derramamiento del cáliz o que el viento se llevara la Sagrada Forma, no se consagraba. Por ello, el sacerdote omitía la fórmula de la consagración, aunque recitaba todas las restantes partes de la celebración.
Terminaron siendo prohibidas, porque carecía de sentido esta práctica, aconsejando sustituirla por otros actos piadosos. Además, al adquirir mayor porte las embarcaciones ya no existían los problemas que habían aconsejado esta sorprendente celebración.
En cualquier caso, para poder celebrar la Santa Misa a bordo de los barcos se requería un privilegio especial reservado a la Santa Sede que lo otorgó a los capellanes de todas las Marinas de Guerra. En España, además de los miembros del Cuerpo Eclesiástico de la Armada, lo obtuvieron los que servían en la Compañía Transatlántica para aquellos buques que viajaban a ultramar. En todos estos casos se trataba ya de celebraciones eucarísticas en el pleno sentido de la palabra.
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