Minerva
Este nombre está asociado a la iglesia romana de Santa María sopra Minerva, edificado sobre un templo pagano, dedicado a Minerva, la diosa de la sabiduría. En ese lugar, el dominico Tomás de Setella había creado una cofradía del Santísimo Sacramento, que el Papa Pablo III, por la Bula Dominicus noster, de 30 de noviembre de 1539, erigió en archicofradía, dando lugar a que se le agregaran numerosas cofradías en todo el orbe cristiano, pudiendo lucrarse sus miembros de los especiales privilegios concedidos a la de Roma.
Entre esas gracias figuraba la concesión de indulgencia plenaria a todos los cofrades que el día de la solemnidad del Corpus Christi, o su octava, confesaran sus pecados y recibieran la comunión, así como a los que, habiendo confesado, se encontraran a punto de morir. También les concedió indulgencias temporales a los que visitaran el lugar donde se conservara el Santísimo Sacramento, rezando siete veces el Padrenuestro y la salutación angélica; a los que comulgaran el tercer domingo de cada mes o el día de Jueves Santo; a los cofrades enfermos o ancianos que, al son de una campana pequeña, hicieran una genuflexión y recitaran el Padrenuestro y la salutación angélica; y a los que acompañaran al Santísimo Sacramento en procesión, tras la misa mayor el tercer domingo de cada mes.
Por disposición de la Sagrada Congregación de Indulgencias, de fecha 27 de septiembre de 1677, se promovió la erección en cada parroquia de una cofradía del Santísimo y el papa Inocencio XI, concedió en 1678, la facultar de erigir cofradías sacramentales a los obispos.
Las cofradías de la Minerva, nombre con el que fueron conocidas las que se fueron constituyendo en los más diversos lugares, continuaron con la costumbre de celebrar una misa el tercer domingo de cada mes, para lucrarse con las indulgencias antes señaladas, y organizaron las procesiones de la Minerva, que solían ser claustrales, aunque con la participación de las autoridades locales, hasta el punto de participar en ellas con el pendón de la ciudad que era de color blanco, en contraposición al de color negro que utilizaban en las procesiones de Semana Santa a las que asistían en corporación, tradición que aún se mantiene en algunos lugares.
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