Imposición de la ceniza
Es el rito penitencial, con carácter de sacramental, que se realiza el miércoles anterior al comienzo de la Cuaresma, por lo que es conocido como Miércoles de Ceniza.
La imposición de efectúa en el transcurso de la celebración de la Eucaristía, que se aconseja vaya precedida por una procesión penitencial.
El celebrante da comienzo a la Misa con la oración colecta, seguida por la proclamación de las lecturas y el Evangelio. Tras la homilía, se realiza la bendición, con el hisopo, de la ceniza que procede de quema de los ramos empleados el Domingo de Ramos del año anterior.
Después procede a imponerla, en forma de cruz, en la frente de los fieles pronunciando una de estas dos fórmulas: «Convertíos y creed en el Evangelio» o «Recuerda que eres polvo y en polvo de convertirás». La primera corresponde al Evangelio de San Marcos, mientras la segunda es del Génesis.
Antiguamente, se les imponía a los clérigos en la coronilla de la tonsura, mientras que los fieles la recibían con frecuencia sobre el pelo de la cabeza. Ahora, el celebrante se la coloca también en la frente.
También es posible realizar la imposición de la ceniza fuera de la celebración del Santo Sacrificio, aunque en el marco de una Liturgia Penitencial de la Palabra. También puede ser llevada a los domicilios de los enfermos, colaborando en este cometido los laicos que también pueden proceder a su imposición en los templos, especialmente en aquellos casos en los que acude un elevado número de personas.
La ceniza tiene un significado de arrepentimiento y de manifestación de una voluntad de conversión. Ya en el Antiguo Testamento se alude a ocasiones en los que se cubrían de ceniza la cabeza y vestían toscos sayales impetrando de Dios el perdón de sus pecados. Actualmente, quiere significar el inicio del camino de conversión que, continuará durante la Cuaresma, para culminar en el Sacramento de la Reconciliación en los días que preceden a la Pascua.
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