Fuente Q
Se da este nombre a un texto desconocido, que se supone escrito pocos años después de la muerte de Jesucristo que fue incorporado a los evangelios sinópticos. El hecho de que en los Evangelios de San Mateo y San Marcos se registren un elevado número de coincidencias ha llevado a los investigadores a concluir que ambos utilizaron esa fuente perdida que, como dichos evangelios, había sido escrita en griego.
Actualmente se considera que el primer evangelio en ser escrito fue el de San Marcos, el cual transcribió la citada fuente Q, incorporando el relato de la Pasión y algunos hechos posteriores a la Resurrección. Suele datarse hacía el año 70 y posiblemente dedicado a los cristianos de Roma.
Unos diez años después fue escrito el Evangelio de San Mateo, a partir de la misma fuente Q, y el de San Marcos corrigiendo y añadiendo algunos aspectos. Su origen se suele situar en Antioquía.
El tercero fue el de San Lucas, cuyo origen se suele situar en Éfeso y que, asimismo, se inspira en la citada fuente Q y en el de San Marcos, aunque conocía el de San Mateo. Con gran dominio del griego y, como consecuencia de sus propias investigaciones, relataba acontecimientos anteriores al Nacimiento de Cristo, como la Anunciación o la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel.
Por el contrario, el último de los evangelios, el de San Juan, nada tiene que ver con los tres sinópticos. Aunque atribuido al apóstol San Juan, su fecha de redacción, hacia el año 100 d. C. descarta esa posibilidad, teniendo además un carácter radicalmente diferente, pues más allá de la realidad misma de la vida de Cristo lo que ofrece es una visión mucho más espiritual de su misión como Verbo encarnado, resaltando los caracteres esenciales de su divinidad.
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