Escucha
Con este nombre se designaba a la religiosa de un monasterio de clausura pontificia, designada por su superiora o prelada, para estar presente en las conversaciones que, en el locutorio, mantenía otra religiosa con las personas que iban a visitarla.
Debía situarse a la distancia conveniente para poder oír todo lo que se hablase, aunque fuera en voz baja y la que recibía la visita no podía elegir a la que cumplía el cometido de escucha.
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