Encarnación
La Teología cristiana da este nombre al acontecimiento único y totalmente singular por el que el que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad al encarnarse en el seno de la Virgen, se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios.
Como en enseña el Catecismo de la Iglesia Católica es verdadero Dios y verdadero hombre en la unidad de su Persona divina, pero con dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas sino unidas en una única Persona.
Esta doctrina requirió el pronunciamiento de sucesivos concilios, desde los primeros tiempos, en los que fue definiéndose, frente a las herejías suscitadas por diversas interpretaciones de esa realidad.
Ya el concilio de Antioquía, en el siglo III tuvo que hacer frente a las opiniones de grupos gnósticos que negaban la humanidad verdadera de Cristo, pero fue la herejía arriana, por su amplia difusión, la que planteó mayores problemas. Arrio negaba que Cristo fuera verdadero Dios, sino criatura creada, aunque por voluntad divina hijo adoptivo del Padre. Fue el concilio de Nicea, en 325, quien definió que fue «engendrado, no creado, de la misma substancia que el Padre». Otras herejías posteriores defendían la existencia de dos personas distintas, humana y divina, la apariencia de su naturaleza humana o la subordinación de ésta a la divina.
Frente a todas ellas la Iglesia confiesa que Cristo es, como hemos señalado, inseparablemente verdadero Dios y verdadero hombre y que al asumir su condición humana estaba dotado de verdadero conocimiento humano, por lo tanto con capacidad para mejorarlo de manera experimental, aunque por su Sabiduría divina gozaba de la plenitud de la ciencia de los designios eternos que había venido a revelar.
Fue el concilio ecuménico de Constantinopla, en 681, quien definió que Cristo posee dos voluntades y dos operaciones naturales, divinas y humanas, no opuestas, sino cooperantes.
Precisamente, porque asumió una verdadera humanidad es por lo que podemos representarlo iconográficamente, algo antes impensable, por lo que respecta a Dios, en la religión judía.
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