Dormitorio de los monjes
En los antiguos monasterios, los monjes dormían en una sala común de grandes dimensiones, a lo largo de cuyas paredes se disponían los modestos lechos en los que reposaban. En los monasterios cistercienses estaban situados sobre el claustro y con una puerta que daba acceso al templo, a través de una escalera. Esa puerta era conocida con el nombre de puerta de Maitines, dado que era utilizada para bajar a la iglesia durante ese oficio nocturno.
La Regla de San Benito, prescribía que siempre que fuera posible todos los monjes durmieran en un mismo local, aunque con la precaución de que los más jóvenes estuvieran separados por otros monjes de más edad. A todos ellos, se les facilitaba el ajuar de cama «adecuado a su género de vida».
Debían dormir vestidos y sin tener a su lado los cuchillos, para evitar que pudieran herirse durante el sueño. El dormitorio estaba iluminado por una lámpara en el transcurso de toda la noche.
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