Disputa
En el ámbito eclesiástico se conocía con este nombre las controversias mantenidas entre miembros de diferentes religiones o en el seno de la propia Iglesia por quienes cuestionaban aspectos teológicos o doctrinales. Corrían a cargo de especialistas de ambas partes, en un intento de clarificar las cuestiones sometidas a debate, cosa que habitualmente no se lograba por lo que los Papas se manifestaron en contra de las mismas, sobre todo de las públicas, dado que al margen de los escasos resultados obtenidos, contribuían a la difusión de doctrinas consideradas heréticas.
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