Cuerpo de Zuavos Pontificios
Cuerpo Armado Pontificio creado por el Papa Pío IX, el 1 de enero 1861, en unos momentos especialmente complicados, cuando se veía impotente para contener las amenazas que se cernían sobre los Estados Pontificios.
Ante el abandono en el que se creía inmerso, uno de sus asesores decidió constituir una unidad de zuavos, a imagen de los existentes en el Ejército Francés.
En su origen, habían sido miembros de una tribu del norte de África, los Zouaoua, que entraron al servicio de Francia, destacando por su valentía. Poco a poco, se constituyeron unidades de zuavos que, aunque integradas por franceses, mantuvieron su nombre y su éxotica vestimenta constituida por pantalones muy anchos, ceñidos con una faja, chaqueta corta adornada con alamares, y tocados con un fez con borla que les confería un aspecto característico y un sentido de cuerpo que, durante el reinado de Napoleón III, les convirtió en la mejor infantería ligera de Europa.
No es de extrañar, por lo tanto, que la idea de su consejero Xavier de Mérode, entusiasmara al Papa y, muy pronto, se iniciara el reclutamiento de un batallón de zuavos pontificios entre voluntarios franceses y belgas que, más tarde, llegaron a constituir un regimiento con otros voluntarios llegados de Irlanda e, incluso, del Canadá.
Su aspecto era el característico de estas tropas: Chaqueta corta de color azul, con alamares rojos; holgados pantalones orientales ceñidos con una amplia faja roja, calzas amarillas y un quepis, en lugar del fez con el que no se atrevieron a dotarles, a pesar de lo cual, un destacado cardenal llegó a comentar con cierta sorna: «¿A quién se le habrá ocurrido vestir de musulmanes a los soldados del Papa?»
Lo cierto es que llegaron a constituir un auténtico ejército de cerca de 3.500 hombres aunque su efectividad fue limitada, ante la avalancha de «camisas rojas» que se les vino encima.
Su momento de gloria lo tuvieron en la batalla de Mentana, donde lograron frenar a los hombre de Garibaldi y entrar victoriosos en Roma, entre aclamaciones y vítores de la multitud. Sin embargo, el triunfo fue debido, en gran medida, a la actuación de una brigada francesa, al mando del General Polhès, que con sus modernos fusiles se impuso a los italianos.
El éxito de Mentana no logró paralizar el proceso de reunificación italiana y, tras la retirada de los franceses, a causa del inicio de la guerra franco-prusiana que terminaría con el II Imperio, los Estados Pontificios fueron invadidos y, el 20 de septiembre de 1870, la artillería italiana bombardeó Roma. Pío IX ordenó detener las operaciones y, al día siguiente, los zuavos fueron licenciados y repatriados a sus lugares de origen.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.