Cuaresma
Es uno de los llamados tiempos fuertes del año litúrgico, en el que la Iglesia se prepara para la Pascua de Resurrección, fiesta principal y eje sobre el que giran el resto de las celebraciones.
Actualmente se asocia con su carácter penitencial. Sin embargo, en sus orígenes era el tiempo en el que los catecúmenos completaban su preparación para poder recibir el Bautismo en la Vigilia Pascual.
Cuando se fijó el Jueves Santo como día de la reconciliación para los penitentes expulsados de la asamblea de los fieles el Miércoles de Ceniza, comenzó a tomar el carácter actual que, muy pronto se generalizó.
En el siglo IV ya se había extendido la costumbre de ayunar y efectuar penitencia, como preparación para la gran fiesta cristiana. A imitación de los cuarenta días en los que Cristo se retiró al desierto, se estableció un período similar, de seis semanas, en el que se ayunaba todos los días.
Pero, como los domingos no se guardaba el ayuno, quedaban reducidos a 36 días, por lo que, se decidió ampliarla cuatro días, dando comienzo el miércoles anterior al primer domingo de cuaresma, lo que hoy conocemos como Miércoles de Ceniza.
La Iglesia pone, en la actualidad, especial énfasis en la acción purificadora y santificadora del Señor que se manifiesta en este tiempo litúrgico. De esta forma, las obras ascéticas y penitenciales deben ser signo de la participación en el Misterio de Cristo, que hizo penitencia por nosotros ayunando en el desierto, como recuerda la Comisión Episcopal de Liturgia.
La Cuaresma debe ser contemplada desde su carácter bautismal sobre el que se funda el penitencial. Es el tiempo de la gran llamada a todo el pueblo de Dios para que se deje purificar y santificar por su Señor y Salvador. La limosna, de oración y de ayuno, son la consecuencia y el fruto de esa conversión cuaresmal.
En la actualidad, el único día obligatorio de ayuno y abstinencia es el Miércoles de Ceniza. De abstinencia, únicamente, son todos los viernes de la Cuaresma. Sin embargo, se recomienda que, voluntariamente, se amplien estos días o se lleven a cabo otras mortificaciones.
Desde el punto de vista litúrgico, la Iglesia adopta el color morado para sus celebraciones, excepto el llamado domingo de gaudete, que utiliza el rosa.
Hasta las últimas reformas era costumbre que todos los retablos se ocultaran durante este tiempo con cortinas moradas. Ahora, sigue manteniéndose la norma de no colocar flores en los altares y utilizar los instrumentos musicales únicamente para sostener el canto. No se dice el Aleluya en ninguna celebración y el Gloria sólo en las solemnidades y fiestas.
Se aconseja llevar a cabo ejercicios piadosos, entre los que destaca el Vía Crucis que, en muchos lugares, se efectúa los viernes.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.