Cruz «Pro Ecclesia et Pontifice»
Fue creada por S.S. el Papa León XIII, el 17 de julio de 1888, con motivo de las Bodas de Oro de su ordenación sacerdotal. En unos momentos en los que la Iglesia había sido despojada de los Estados Pontificios, León XIII intentaba rodear a la figura del Pontífice de toda la pompa y majestad de los monarcas de la época. Al mismo tiempo, intentaba atraerse la voluntad de las personas, reconociendo los méritos contraídos con la Santa Sede.
Uno de los instrumentos fue esta condecoración que estaba destinada a recompensar la ayuda dispensada a la Iglesia y al Pontífice por parte de cualquier tipo de personas, clérigos o laicos, de uno y otro sexo. Este último aspecto constituía una novedad, ya que las órdenes pontificias ecuestres han estado vedadas a las mujeres, hasta el pontificado de Juan Pablo II.
La Cruz es una distinción diferente, por lo tanto, a los órdenes de caballería, y no tiene categorías, siendo igual para todas las personas a las que se concede. En estos momentos, está considerada la más importante de las condecoraciones pontificias, al margen de las órdenes ecuestres pontificias, por encima de la Medalla Benemerenti.
Es una cruz con flores de lis entre sus brazos, que lleva en el anverso la efigie de León XIII, el fundador, y al reverso las armas de la Santa Sede. Pende de una cinta roja con franjas con los colores pontificios en los extremos.
Entre las numerosas personalidades que la han recibido, figura S.M. la Reina Doña Sofía y la condesa de Pardo Bazán. Como detalle curioso podemos señalar que, al menos, dos beatos la poseyeron: la Beata Teresa de Calcuta y el Beato Anacleto González Flores, un mártir mexicano.
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