Conservación
La existencia de la Providencia divina es un dogma de fe definido por el Concilio Vaticano I, la cual se manifiesta a través de la Creación del mundo, pero también por otros dos actos u operaciones; la gobernación y conservación de todo lo creado.
La conservación se expresa en cada momento, haciendo posible la existencia de las criaturas, por lo que también se le denomina una «creación continuada».
Según la Teología, como seres contingentes que son, no encierran en sí mismas la razón suficiente para su existencia, por lo que tienden al «no ser», siendo necesaria la misma causa que las produjo para su existencia actual.
Es evidente que se puede constatar una renovación constante de la materia y su transformación de un ser a otro ser, pero la materia es inerte y requiere de un principio activo que no puede ser otro que el mismo que la creó, dado que en caso contrario, si su conservación fuese ajena a la acción de Dios, podría conservarse contra la voluntad del mismo y si no existieran las leyes físicas que la regulan tendería a su disolución. Pero si existen, como la experiencia demuestra, sólo han podido ser dictadas por la previsión creadora de Dios, dado que sería absurdo pensar que la materia surgió por sí misma y además dándose a sí misma los mecanismos extraordinariamente complejos que regulan su existencia.
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