Condecoraciones Pontificias
El Papa, para recompensar algunos servicios especiales a la Santa Sede, suele otorgar condecoraciones, siguiendo la costumbre habitual en todos los Estados.
La necesidad de mantener los usos y costumbres propios de las relaciones internacionales constituye una de las principales justificaciones de estas distinciones ya que, como es bien sabido, el intercambio de condecoraciones, es norma en el protocolo que rige esas relaciones.
Tras la última visita de S.S. Benedicto XVI a España, se hizo entrega de condecoraciones de la Orden de San Gregorio Magno y de la de San Silvestre Papa, en sus distintas categorías, a cargos públicos y personalidades que habían colaborado en el desarrollo de los actos programados.
En la Santa Sede, las condecoraciones equivalentes a las de otros Estados son las de las cinco órdenes ecuestres que, por orden de importancia, son las siguientes:
1.– Orden Suprema de Cristo
2.– Orden de la Espuela de Oro
3.– Orden Píana
4.– Orden de San Gregorio Magno
5.– Orden de San Silvestre
Dentro de cada una de ellas, existen distintas categorías que suelen ser: Gran Cruz, Comendador con Placa, Comendador y Caballero.
Hasta hace muy poco, estas distinciones no podían ser concedidas a mujeres, lo que planteaba serios problemas protocolarios. Fue el Papa San Juan Pablo II quien rompió con la tradición al concederlas indistintamente.
Al margen de estas órdenes existen otras distinciones que, por no estar sometidas al reglamento propio de una orden, no tienen categorías dentro de cada una de ellas, aunque no son iguales en cuanto a su importancia:
1.– Cruz «Pro Ecclesia et Pontifice»
2.– Medalla Benemerenti
Podían ser otorgadas a mujeres y, por las razones expuestas, S.M. la Reina D.ª Sofía tiene, únicamente, la Cruz «Pro Ecclesia et Pontifice», pero ninguna de las otras condecoraciones que, por su condición de soberana, podían haberle sido otorgadas.
Al margen de todas las citadas existe una distinción antiquísima y, sin duda, la más importante de las que concede el Papa. Se trata de la Rosa de Oro que, en los últimos tiempos, ha sido otorgada exclusivamente a imágenes religiosas, aunque en el pasado, fue utilizada para honrar a muchas reinas, aunque también la recibieron los reyes y algunos personajes relevantes como Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. La Rosa de Oro no es una mera condecoración, por importante que sea, sino que tiene consideración de sacramental, ya que es ungida con el Santo Crisma, en una ceremonia especial que se celebra el cuarto domingo de Cuaresma.
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