Concupiscencia
En sentido etimológico designa a toda forma vehemente de deseo humano y en la Teología cristiana se aplica al sentido particular de un movimiento del apetito sensible que contraría la obra de la razón humana.
Según la doctrina de la Iglesia el hombre estaba íntegro y ordenado en todo su ser por estar libre de la concupiscencia, pero el pecado original rompió ese equilibrio, inclinándole al mal. En contra de la teología protestante su libertad no quedó anulada, y es posible vencer esa inclinación con la ayuda de la Gracia, de manera que sólo daña si es consentida y, aunque permanece en el hombre, le sirve de prueba en su lucha constante hacia la santidad y la vida eterna.
San Juan distinguía entre la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida que, en otra formulación expresada en el Catecismo de la Iglesia Católica, consiste en la inclinación hacia los placeres de los sentidos, la apetencia de los bienes terrenos y la afirmación de sí mismo contra los imperativos de la razón.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.