Colegio mayor
Fueron instituciones surgidas en el entorno de las universidades aunque, en algunos casos, dieron lugar a su creación, para impartir la enseñanza necesaria para alcanzar los grados de licenciado o doctor. Aunque las clases se daban en los propios colegios, para obtener el título era necesario superar los correspondientes exámenes en la universidad.
Fueron creados inicialmente por eclesiásticos con la finalidad de facilitar la enseñanza superior a jóvenes sin recursos que eran becados en los colegios donde también se les facilitaba el alojamiento. Vestían hábito negro con manto y bonete del mismo color, teniendo como distintivo la beca o franja de paño que, doblada sobre el pecho pendía sobre los hombros y cuyo color era distintivo de cada colegio. Los colegiales gozaban de gran autonomía, bajo la dirección de un rector que ellos mismos elegían.
El prestigio que alcanzaron propició que, poco a poco, su plazas fueran siendo monopolizadas por los hijos de la nobleza y de funcionarios de alto rango, de manera que terminaron convirtiéndose en los centros de formación de quienes estaban llamados a desempeñar los puestos de la administración pública o para acceder a las cátedras, de manera similar a lo ocurrido en otros países en los que el sistema de enseñanza universitaria se articula a través de colegios. Por otra parte, las diferentes órdenes religiosas habían ido creando colegios propios en las ciudades universitarias para sus miembros.
Todos ellos desaparecieron en el siglo XIX, como consecuencia de las leyes desamortizadoras y de la transformación experimentada por las universidades cuando se convirtieron en centros completamente dependientes del Estado.
Curiosamente subsistió uno que ha llegado hasta nuestros días: el Real Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago de Granada, fundado en 1649, aunque no con las características originales, cosa que no ocurre con el Colegio de San Clemente de los Españoles, fundado en Bolonia, que sigue siendo un centro de formación de gran prestigio.
En el siglo XX se asistió a un renacer de los colegios mayores, creados por las propias universidades o por diferentes órdenes religiosas. Sin embargo, su cometido fundamental era el de facilitar alojamiento a los estudiantes que cursaban sus carreras en las respectivas facultades universitarias, aunque fomentando un espíritu de convivencia complementado con una serie de actividades culturales y deportivas, e incluso clases de refuerzo.
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