Clarenianos
Angelo de Cordona fundó en 1302, una orden, tolerada en principio, que tomó su nombre del arroyo Clareno, cerca de Ascoli (Italia) donde se establecieron.
A la muerte del fundador llegaron a fundar nuevos conventos, pero algunos se separaron muy pronto uniéndose a los franciscanos.
Finalmente, el Papa Julio II, en 1510, unió a todos los restantes a los franciscanos observantes, escogidos por ellos, entre las alternativas que les propuso el pontífice.
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