Cenobita
El origen del monacato cristiano se remonta a los tiempos inmediatamente posteriores a las persecuciones, cuando algunos personas abandonaron el mundo para vivir en soledad, dedicados a la oración y la ascesis. Se les dio el nombre de eremitas que procede del griego éremos que significa desierto.
Poco a poco, fueron agrupándose en comunidades en las que, aunque vivían la mayor parte del tiempo aislados, se reunían, en determinados momentos, para el rezo común y otras celebraciones litúrgicas.
Surgieron así los primeros cenobios cuya organización se atribuye a San Pacomio, en los que sus miembros reconocían la autoridad de un abad. De ellos, nacerían después los monasterios, de vida ya plenamente comunitaria.
El modelo cenobítico se ha mantenido, en parte, hasta la actualidad, en la Orden de la Cartuja.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.