Carne
En el Antiguo Testamento la carne se contrapone al espíritu como uno de los elementos indisolubles que constituyen la naturaleza humana.
En la catequesis tradicional, se designaba con este nombre a uno de los tres «enemigos del alma». La carne, junto con el demonio y el mundo son quienes inducen a la comisión del pecado.
Carne, en este sentido, es sinónimo de concupiscencia o amor desordenado a los placeres de los sentidos. A diferencia, del demonio y del mundo, la carne es un enemigo interior al que el hombre se enfrenta durante toda su existencia y frente al que lucha con la mortificación de los sentidos.
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