Cardenal
A pesar de lo señalado por la Real Academia Española, algunos consideran que el término procede del latín cardo (bisagra) haciendo referencia al papel que desempeñan como eje o gozne sobre el que gira la Iglesia.
En su origen, los cardenales eran clérigos al servicio de la diócesis de Roma. Posteriormente, se convirtieron en títulos honoríficos conferidos por el Sumo Pontífice a las personas que considerase oportuno, pudiendo ser, incluso, laicos.
En la actualidad, el Código de Derecho Canónico, en el canon 351.1, dispone que tendrán que ser varones, libremente elegidos por el Sumo Pontífice, que hayan recibido el orden del presbiterado y que se hayan distinguido notablemente en doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de sus asuntos.
El mismo canon establece que los que no sean obispos deben recibir la consagración episcopal, aunque este requisito puede ser dispensado por el Papa y se ha dado algún caso reciente.
La función propia de los cardenales es la de participar en la elección del sucesor del Papa, reunidos en cónclave. Fue el Papa Alejandro III quien, en 1179, extendió este derecho a todos los cardenales, aunque, en virtud de disposiciones recientes, entre ellas la Constitución Universi Dominici Gregis, de 1996, pierden su condición de elector en el momento de cumplir los 80 años de edad.
Los cardenales constituyen el Sacro Colegio Cardenalicio, cuyo número ha ido variando en el transcurso del tiempo. San Pablo VI estableció un máximo de 120 con capacidad de participar en el cónclave, como electores.
Además de esa función los cardenales auxilian al Papa en el gobierno de la Iglesia, asesorándole en las materias sometidas a su consideración y presidiendo los Dicasterios y otros organismos de la Santa Sede. Pero, no todos los cardenales residen en Roma sino que muchos de ellos están al frente de las sedes más importantes de la Cristiandad.
Sin embargo, todos ellos, reciben, cuando son creados, una sede, título o diaconía radicados en templos romanos, para reforzar su vinculación a la Sede Apostólica.
De acuerdo con lo establecido en el Código de Derecho Canónico, el Sacro Colegio Cardenalicio se organiza en tres órdenes: el episcopal, el presbiteral y el diaconal
Al primero pertenecen los cardenales obispos; al segundo, los cardenales presbíteros; y al tercero los cardenales diáconos.
El Colegio Cardenalicio está presidido por un Decano, elegido por los cardenales obispos, y auxiliado por un Vice-Decano. Pero es el Cardenal Camarlengo quien tiene un papel fundamental en los momentos de Sede Vacante.
La creación de los cardenales es dada a conocer por el Papa en los llamados consistorios. Desde 1464, usan vestiduras de color rojo que quieren simbolizar su disposición a morir en defensa de la fe.
Posteriormente, recibe el solideo, el birrete, el capelo, el título que le es conferido y el anillo propios de su dignidad. En un Consistorio Público presidido por el Papa, el nuevo cardenal efectúa, tras la Liturgia de la Palabra, la profesión de fe y el juramento. A continuación el Sumo Pontífice le impone el birrete (ya que el capelo ha caído en desuso), pronunciando la frase: «Recibe este birrete rojo como signo de la dignidad del oficio de cardenal, que significa que estás preparado para actuar con fortaleza, hasta el punto de derramar tu sangre por el crecimiento de la fe cristiana, por la paz y armonía entre el pueblo de Dios, y por la libertad y extensión de la Santa Iglesia Católica Romana».Junto al birrete se le entrega el pliego con el título asignado.
En otra ceremonia se les suele hacer entrega del anillo cardenalicio «signo de dignidad, de solicitud personal y de más sólida unión con la sede de Pedro». Suele ser de oro, con una amatista y las armas pontificias grabadas.
Desde el momento de su creación, los cardenales se convierten en ciudadanos del Estado del Vaticano y la condición de príncipes romanos. Tienen el tratamiento de Eminencia Reverendísima, si son obispos. Modifican su nombre anteponiendo la palabra «Cardenal» a su primer apellido.
Traen escudo con sus armas propias, timbrado con capelo de gules, con guarnición de dos cordones de gules entrelazados y colgantes, a ambos lados del escudo, formando 15 borlas a cada lado, colocadas de a 1, 2, 3, 4 y 5 en la última fila.
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