Capilla domiciliaria
Pequeñas urnas portátiles en las que se coloca la imagen de un Santo o advocación mariana, protegida por un cristal y dos puertas que se cierran por la parte anterior. Suelen llevar una cajeta en la parte inferior para recoger limosna y, en la superior, disponen de un asa para facilitar su transporte.
Estas capillas recorrían los domicilios de los devotos que se comprometían a acogerlas durante un tiempo determinado, colocándolas en lugar preferente de la casa. Los nombres de todos ellos figuraban en una relación que solía fijarse en la parte posterior y, al cumplirse el tiempo establecido se llevaba a la casa del que correspondía, según dicha relación. Durante su permanencia en cada casa, la familia rezaba ante ella y se solían encender lamparillas.
Además, las cofradías disponen también de capillas similares con el Santo titular, que conservan en su domicilio los mayordomos de cada año y que con cierta solemnidad trasladan a la iglesia donde tiene su sede canónica la cofradía, en la víspera de la fiesta del titular y de allí partirá, al día siguiente de la misma en dirección a la casa del nuevo mayordomo. Es costumbre ofrecer un pequeño refrigerio a las personas que participan en estos traslados.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.