Canto gregoriano
También llamado canto llano, canto firme o canto romano, ha sido durante siglos el canto oficial de la Iglesia.
Debe su nombre al Papa San Gregorio Magno (590-604), aunque su origen es anterior. San Greogio, que tuvo una especial preocupación por la liturgia y la música sacra, contribuyó a su difusión, creando en Roma una Schola Cantorum.
El canto gregoriano se interpreta a capella, sin acompañamiento musical, entonando todos los cantores la misma melodía. Se utilizó tanto en la celebración de la Misa como en el Oficio Divino.
A partir del siglo XVI, compartió protagonismo con la música polifónica, pero desde mediados del siglo XIX volvió a recobrar su antiguo esplendor, a partir de los trabajos de los monjes benedictinos de Solesmes que recibieron el refrendo del Papa San Pío X, por medio del Motu Proprio Tra le sollecitudini, de 22 de noviembre de 1903, sobre la Música Sacra. Para este gran pontífice el canto gregoriano es «el supremo modelo de toda música religiosa».
Comoquiera que el canto gregoriano utiliza los textos en latín, tras la introducción de las lenguas vernáculas en la Liturgia, impulsada por el Concilio Vaticano II, restringió notablemente su uso, aunque el concilio mantuvo su primacía. En los últimos años, el interés despertado en muchas personas ha puesto de manifiesto la necesidad de conservar y potenciar una de los mayores tesoros culturales de la Iglesia.
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