Canónigos Regulares
Inicialmente, todos los canónigos fueron regulares, sometidos a una regla y viviendo en comunidad. Junto a ellos, aparecieron los canónigos seculares que terminaron siendo mayoría
La relajación de algunos cabildos y el deseo de renovar la vida espiritual, propició la aparición de nuevas fundaciones de canónigos que deseaban retomar el primitivo modo de vida. Más tarde, se agruparon en Congregaciones que constituyen un estado intermedio entre el propio de un monje y el de los clérigos seculares.
Había sido el Papa León XI uno de los que impulsaron este movimiento del que participaban, fundamentalmente, clérigos. Sin embargo, se sumaron también, en un principio algunos laicos e, incluso mujeres que dieron lugar a monasterios dúplices. Cuando se suprimieron, las mujeres que habían profesado en ellos pasaron a constituir los monasterios de canonesas que, en determinadas órdenes como la del Santo Sepulcro, han sobrevivido a la rama masculina.
Los canónigos regulares viven en comunidad, emiten los tres votos y su principal dedicación es el canto del Oficio Divino. Pero, además, se dedican a las labores sacerdotales como la administración de los Sacramentos y la predicación, poniendo especial énfasis en la práctica de la Caridad, a través del cuidado a los enfermos y la atención a los peregrinos.
Varias de las congregaciones que han subsistido están agrupadas en una Confederación de Canónigos Regulares de San Agustín entre los que figuran los Canónigos Regulares de Letrán, los más antiguos, aunque hay otras de muy reciente creación. También subsiste la Congregación Premonstatense, aunque hay otras que tuvieron gran importancia en el pasado y se han extinguido como los Canónigos Regulares del Santo Sepulcro o los Canónigos Regulares y Hospitalarios del Espíritu Santo.
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