Breviario
Libro que contenía todos los textos correspondientes al Oficio Divino o Liturgia de las Horas, para su uso por los sacerdotes, religiosos y fieles.
Desde los orígenes del Cristianismo, la Liturgia de las Horas, como canto de alabanza continuado, se convirtió en oración de la Iglesia local y complemento necesario del acto perfecto del culto divino que es el Sacrificio eucarístico.
Para facilitarlo, comenzaron a usarse unas sencillas guías que se llamaron breviarios. Pero, tras la reforma llevada a cabo por Gregorio VII, se dio este nombre al volumen en el que se recopilaron los textos que debían leerse en el Oficio divino.
El Concilio de Trento quiso acometer la reforma del breviario pero, por falta de tiempo, encomendó esta tarea a la Sede Apostólica, siendo promulgado por San Pío V.
Posteriormente, Sixto V, Clemente VIII, Urbano VIII y Clemente XI, entre otros pontífices, introdujeron diversas modificaciones. En 1911, San Pío X publicó un nuevo breviario, mediante la Bula Divino Afflatu, de 1 de noviembre de 1911.
Tras el Concilio Vaticano II, San Pablo VI encomendó al Consejo para la puesta en práctica de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, la preparación de una nueva Liturgia de las Horas que, finalmente, fue promulgada mediante la Constitución Apostólica Laudis Canticum, de 1 de noviembre de 1970. En ella se autorizó el uso del anterior breviario por parte de aquellos, que por su edad avanzada u otros motivos particulares, encontrasen graves dificultades en el empleo del nuevo rito.
En la actualidad para el rezo de la Liturgia de las Horas se utilizan cuatro volúmenes que corresponden a: Tiempo de Adviento y Navidad; Tiempo de Cuaresma y Pascua; Tiempo Ordinario desde la primera hasta la decimoséptima semana; Tiempo Ordinario desde la decimoctava semana hasta la trigesimocuarta semana. No obstante, existe una versión abreviada, en un solo volumen, que se llama «diurnal».
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