Biblia
Es una palabra que deriva del griego y significa «libros». Con ella se designa al conjunto de obras que la Iglesia considera inspiradas por Dios y a las que también se denomina «Sagrada Escritura».
Esta constituida por 46 libros pertenecientes al Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento. Todos ellos constituyen el Canon bíblico definido por diferentes concilios, el de Hipona (393), los de Cartago (397 y 419) y el Florentino (1441). Ante la postura adoptada por los protestantes que no admiten la canonicidad de algunos libros, el Concilio de Trento (1546) estableció el canon actual que coincide con el definido en los concilios anteriores. Las discrepancias con los protestantes se refieren a 7 libros del Antiguo Testamento: Tobías, Judit, el de la Sabiduría, el Eclesiático, Baruc, los dos libros de los Macabeos y algunas partes de los libros de Daniel y Ester. Estos libros que figuran en la llamada «Biblia de los Setenta» son denominados por la Iglesia «deuterocanónicos» que significa «segundo canon». Todos ellos son aceptados, también, por la Iglesia ortodoxa. Distinto es el caso de otros libros existentes que nunca han sido reconocidos como canónicos y a los que se denomina «apócrifos».
El Antiguo Testamento, a través de la historia del pueblo judío, relata la historia de la humanidad, desde el momento de la creación, hasta la llegada de Jesucristo. En él, Dios se va manifestando paulatinamente al pueblo elegido, saliendo al encuentro del hombre, revelándose a sí mismo y dando a conocer el misterio de su voluntad.
Como se ha señalado, la Iglesia acepta como canónicos los libros que se encuentran incluidos en la versión de los Setenta que no coincide, exactamente, con el actual canon judío establecido a finales del siglo I d.C. y en el que se incluyeron todos aquellos que estuvieran escritos en hebreo o arameo.
En total, el «canon breve» de la Biblia judía está integrado por 39 libros a los que se da el nombre de «proto-canónicos» que, junto a los 7 deuterocanónicos incluidos en el llamado «canon largo» de la versión de los Setenta, componen el conjunto de los libros del Antiguo Testamento que la Iglesia reconoce como inspirados.
La Biblia judía se divide en tres partes: La Ley o Torá, formada por los cinco libros del Pentateuco; los Nevi’im o libros de los Profetas; y Ketuvim que agrupa las restantes Escrituras.
El Antiguo Testamento de la Iglesia se divide en:
Libros históricos: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio (que forman el Pentateuco); Josué; Jueces; Rut; Samuel I; Samuel II; Reyes I; Reyes II; Crónicas I; Crónicas II; Esdras I; Esdras II; Ester; Tobías; Judit; Macabeos I y Macabeos II.
Libros Sapienciales: Job; Salmos; Proverbios; Eclesiastés; Cantar de los Cantares; Sabiduría y Eclesiástico.
Libros proféticos: Incluyen los correspondientes a los cinco profetas mayores: Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc, Ezequiel y Daniel; y los de los doce profetas menores: Osías, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Hababuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.
El Nuevo Testamento está formado por 27 libros escritos en griego, después de la muerte y Resurrección de Jesucristo. Se divide en:
Libros históricos ente los que se incluyen los cuatro evangelios: el de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, así como los Hechos de los Apóstoles.
Libros didácticos que comprenden las 12 epístolas de San Pablo: Romanos, Corintios I, Corintios II, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, Tesalonicenses I, Tesalonicenses II, Timoteo I, Timoteo II, Tito, Filemón y Hebreos; Además las llamadas 7 epístolas católicas escritas por otros apóstoles: San Pedro I, San Pedro II, San Juan I, San Juan II, San Juan III, Santiago y Judas.
Libro profético: El Apocalipsis.
En su conjunto, la Biblia fue escrita por diferentes autores entre el año 900 a.C. y el 100 d.C.
Además de los libros conservados se sabe que existieron otros de los que se tiene referencia a través de las citas que, de ellos, se hace en la Sagrada Escritura. Entre ellos, el libro de la Alianza al que se alude en el Éxodo, el libro de los hechos de Salomón citado en Reyes I y otros varios. También se han perdido algunos libros del Nuevo Testamento como una carta escrita por San Pablo a los Corintios (además de las dos conservadas), otra a los Efesios y otra a los Laodicenses a las que él mismo alude en algunas de las que han llegado hasta nosotros.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.