Báculo
Es una de las insignias propias del obispo que recibe el día de su consagración como símbolo de la misión que le es encomendada para regir su iglesia particular.
La entrega se efectúa con las siguientes palabras: «Recibe el báculo, signo de pastor, y cuidad de toda tu grey, por el Espíritu Santo te ha constituido obispo para que apacientes la Iglesia de Dios».
El simbolismo está claro y existen numerosas referencias en las Sagradas Escrituras a esa vara o cayado de pastor, pero también al báculo o bastón de mando, porque la utilización de una vara o bastón como expresión de autoridad ha sido habitual en el ámbito civil.
Está documentado su uso en España hacia el siglo VII y, posteriormente, se generalizó en otros lugares.
Suele estar fabricado en materiales nobles y consta de dos partes, el palo o asta y el cayado, propiamente dicho, o voluta. Se unen en un nudo de forma esférica o poliédrica.
La parte más ricamente decorada es la voluta, donde frecuentemente figuran las armas propias del obispo u otros motivos ornamentales.
También tienen reconocido el uso de báculo algunos abades e, incluso, abadesas. En estos casos es más sencillo que el de los obispos y solían llevar un velo suspendido del nudo que era conocido con los nombres de sudarium, sudariolum, orarium, pannus o panniculus, y hacía alusión a la jurisdicción restringida de que gozaban. Ese sudario aparece atado al báculo en los blasones de los abades.
La utilización del báculo está reservada a las celebraciones solemnes. En el Santo Sacrificio de la Misa lo lleva en el momento de la procesión de entrada, durante la proclamación del Evangelio y cuando imparte la bendición final.
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