Árbol de Navidad
Tradición de origen centroeuropeo que, poco a poco, ha ido extendiéndose por todo el mundo. Consiste en la instalación de un árbol de hoja perenne adornado con distintos elementos del que suelen colgar los regalos que, el día de Navidad, se reparten entre los miembros de la familia.
Sobre su origen hay distintas versiones. No cabe duda de que, antes del Cristianismo era costumbre decorar un árbol sin hojas, en el solsticio de invierno, con manzanas y otros adornos como expresión de su esperanza en el retorno de la vida. Según algunos autores fue San Bonifacio quien cristianizó la costumbre y reemplazó aquel árbol de hoja caduca por otro de hoja perenne, imagen del amor de Dios, iluminado con las luces que representan a Cristo.
Otra leyenda más literaria habla de un niño que pidió refugio en una pequeña casa en la que residía un humilde leñador con su mujer. Aquel Niño era el propio Jesús quien, agradecido por la hospitalidad que le habían dispensado, les dio una rama de pino, afirmando que, si la plantaban, daría fruto cada año en esas fechas. Desde entonces, al llegar la Navidad, del pequeño pino surgían manzanas de oro y nueces de plata.
En España, hubo un momento en el que el árbol era rechazado por creer que venía a reemplazar la costumbre tradicional del belén. Sin embargo, no ha sido así, aunque la progresiva descristianización de la Navidad y el consumismo que la impregna ha ido rodeando estas fechas de una simbología que, poco a poco, va ocultando el auténtico sentido de las celebraciones.
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