Antimension
En la Iglesia Ortodoxa y en las Iglesias Católicas de rito oriental es una pieza de tela rectangular, generalmente de seda o lino con representaciones del Descendimiento de la Cruz, los Cuatro Evangelistas, o inscripciones relacionadas con la Pasión de Cristo, que lleva prendida la reliquia de un mártir.
Es de uso obligatorio en la celebración de la Eucaristía. Se deposita en el centro del altar y se despliega antes de la anáfora. Al finalizar, se pliega en tres partes, luego en otras tres, de modo que cuando se despliega las marcas de los pliegues formen una cruz.
Se guarda en el interior del eiliton, junto con una esponja utilizada para recoger los posibles fragmentos desprendidos de la Sagrada Hostia.
El antimension pertenece al obispo, que es quien lo consagra, y simboliza el poder delegado del mismo para celebrar el Santo Sacrificio, de manera que si lo retirase de un determinado templo no se podría celebrar la Eucaristía.
La sacralidad del antimension se manifiesta en el hecho de, salvo el obispo, sólo puede tocarlo el sacerdote o el diácono. Este último completamente revestido y el sacerdote llevando al menos el epitrachelion y las epimanikias.
En casos excepcionales en los que no se puede disponer de un altar, se puede celebrar la Eucaristía encima del antimension.
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