Año litúrgico
Comienza el primer domingo de Adviento para terminar con la festividad de Cristo Rey. A lo largo del mismo, la Iglesia celebra la obra salvífica de su divino Esposo, como recuerda la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II.
En el ceremonial de los obispos se resalta que la celebración del año posee una peculiar eficacia sacramental, ya que Cristo mismo es el que, en sus misterios, o en la memoria de los Santos, especialmente de su Madre, continúa la obra de su inmensa misericordia, de tal modo que los cristianos no sólo conmemoran y meditan los misterios de la Redención, sino que entran en contacto y comunión con ellos, y por ellos tienen vida.
El eje central del mismo es la celebración de la Pascua del Señor que se fija cada año, en función de la luna llena del equinoccio de primavera, la cual puede oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. De acuerdo con ella se establecen los distintos tiempos litúrgicos, aunque existen también una serie de fiestas fijas como son las de Navidad, Epifanía, la Asunción y las festividades dedicadas a los Santos.
El año litúrgico se divide en lo que se denomina tiempos fuertes y tiempo ordinario. Los primeros son, junto al triduo pascual y el de Navidad, el Adviento y la Cuaresma. El tiempo ordinario comprende el resto del año.
A lo largo de este año litúrgico la Iglesia presenta a los fieles los distintos aspectos del Misterio Pascual como historia de la Salvación.
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