Anillo episcopal
Es uno de los símbolos de la dignidad episcopal que el nuevo obispo recibe en el momento de su consagración, como expresión de su desposorio con a la Iglesia, y así se expresa en las palabras del ordenante: «Recibe este anillo, signo de fidelidad, y permanece fiel a la Iglesia, Esposa Santa de Dios».
Suele ser de oro con una amatista engarzada, aunque se han utilizado, en el pasado, todo tipo de piedras preciosas, salvo las de color verde, en ocasiones haciendo juego con la cruz pectoral.
Su uso está documentado, al menos, desde el siglo VII y, como ocurre, con el anillo del pescador solía ser destruido en el momento del fallecimiento del obispo. Sin embargo, con mucha mayor frecuencia quedaba en poder de los familiares o se entregaba como legado a alguna iglesia o santuario.
Se lleva permanentemente en el dedo anular derecho, salvo el día de Viernes Santo, que deja de usarse en señal de duelo por la muerte del Señor.
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