Ángel
La palabra ángel deriva del latín angelus y ésta del griego aggelos que significa enviado o mensajero.
Son seres espirituales, no corporales, de diferente naturaleza que los hombres e inmortales. Aparecen citados con frecuencia en la Sagrada Escritura y cuya existencia constituye una verdad de fe.
El Catecismo de la Iglesia Católica se refiere a ellos como criaturas puramente espirituales, pero personales, con inteligencia y voluntad. Fueron creados por Dios, antes que los hombres, por y para el servicio de Cristo que es el centro de su mundo. A Él le pertenecen y, a lo largo de toda la historia de la salvación los encontramos anunciando, de lejos y de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización.
La Iglesia enseña que algunos de esos ángeles, encabezados por Satán, se revelaron contra Dios y mediante una elección libre rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino. Es el carácter irrevocable de su elección, y no un defecto de la infinita misericordia divina, lo que hace que el pecado de esos ángeles no pueda ser perdonado. Estos diablos caídos o demonios actúan en el mundo por odio a Dios, pero, aunque su acción cause graves daños, su poder no es infinito.
Los que permanecieron fieles han venido actuando como intermediarios entre Dios y los hombres, aunque su función esencial sea la de estar presentes en el trono de Dios.
En su cometido de mensajeros se hacen presentes en numerosos pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. También aparecen testimonios de su misión como guardianes.
Aunque no constituye un dogma de fe, se considera que los ángeles se dividen en tres grupos u órdenes. El primero de ellos está integrado por los coros de ángeles propiamente dichos, los de arcángeles y los de principados. En el segundo se integran los llamados potestades, virtudes y dominaciones. Del más próximo al trono de Dios forman parte los tronos, querubines y serafines.
Esta clasificación ha sido atribuida a un supuesto Dionisio Aeropagita que, entre los siglos IV y V escribió un tratado sobre la jerarquía celeste. No obstante, San Pablo cita expresamente algunos de esos nombres.
Los ángeles pertenecientes a la categoría inferior que, iconográficamente, suelen ser representados como jóvenes alados, son los que se encargan de las relaciones con los hombres y a esa categoría pertenecen, los que, según la tradición, tiene a su cargo la custodia de cada uno de nosotros, los ángeles de la guarda.
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