Agua de San Gregorio
En la localidad de Sorlada (Navarra) existe un santuario en el que se venera la cabeza de San Gregorio Ostiense, conservada en un relicario de características singulares.
San Gregorio fue un monje benedictino y obispo de Ostia al que, en el siglo XI, el Papa envió al reino de Navarra asolado entonces por una plaga de langosta, a la que el santo conjuró con gran éxito, por lo que, desde entonces, es considerado eficaz protector contra esta calamidad que, periódicamente, se abatía sobre muchas regiones de España.
Para hacerle frente se recurría a la llamada «agua de San Gregorio». El relicario de su cabeza dispone de una abertura en su parte superior por la que se introducía agua normal que, tras entrar en contacto con el cráneo del santo, se recogía a través de un grifo existente en la parte inferior.
Los recipientes con esta agua que se había convertido en una reliquia de contacto, eran llevados a las localidades de las que procedían los devotos y con ella se bendecían los campos, mezclándola incluso con agua normal.
La importancia de esta práctica queda patente en la decisión del rey Fernando VI quien ante una plaga de proporciones inusitadas ordenó el 14 de octubre de 1756 que la reliquia del santo fuera transportada en un carruaje hasta Levante, con el fin de que todas las localidades por las que pasara pudieran beneficiarse del agua de su cabeza. En algunos municipios aragoneses que atravesó aún se conservan pilares votivos que recuerdan ese acontecimiento.
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