Adopcionismo
Doctrina herética surgida en el siglo II, impulsada en gran medida por un curtidor de pieles de Bizancio llamado Teodoto.
Negaba la divinidad de Cristo, al que consideraba un hombre excepcional que Dios había «adoptado», dotándole de los poderes necesarios para llevar a cabo su misión. Tras su muerte, había alcanzado una condición divina, similar a la de los héroes de la antigüedad clásica.
Del adopcionismo surgiría, en el siglo III, el arrianismo. Los concilios de Nicea y Calcedonia donde se definió el símbolo de la Fe, condenaron estas desviaciones.
Sin embargo, el adopcionismo volvió a resurgir en España, impulsado por el arzobispo de Toledo, Elipando, y el obispo de Urgel, Félix, en el siglo VIII, aunque con matices diferentes. Para ellos, Cristo, por su naturaleza divina, era verdadero hijo de Dios, pero, por su naturaleza humana, era solamente hijo adoptivo. Condenados en varios concilios, llegaron a ser combatidos por el propio Carlomagno, aunque en aquella época, la sede de Toledo estaba bajo dominación musulmana, por lo que el herético arzobispo pudo persistir en su error.
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