Atrio
El templo de Jerusalén, reconstruido por Herodes, tenía varios atrios: el de los sacerdotes, el de los hombres, el de las mujeres. Todos ellos perfectamente separados. Las escenas que nos narran los evangelistas sobre las limosnas que se echaban en el tesoro del templo, la presentación del Niño Jesús y el episodio de la mujer adúltera (Mc 12,41-44; Lc 2,28-38; Jn 8,2-11), hay que situarlas necesariamente en el atrio destinado a las mujeres. Este atrio femenino estaba circundado de fuertes murallas y contaba con varias puertas, entre las que merece descollar «la puerta dorada». Existía, ya en el exterior del templo, el llamado «atrio de los gentiles», sin accesos ulteriores, destinado a los visitantes, adornado con pórticos y columnatas, entre los que merece descollar el pórtico de Salomón (Jn 10,23). En este atrio hay que situar las escenas sobre la expulsión de los mercaderes y cambistas y sobre el Niño Jesús entre los doctores (Mc 11,15-17; Lc 2,46). -.
E. M. N.
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