Altar
El altar es, en todas las religiones, el lugar del sacrificio ofrecido a la divinidad. Es, por tanto, centro del culto. Era generalmente una plancha de piedra con cuatro cuernos, uno en cada esquina, que gozaban de una santidad especial y del privilegio de protección sagrada (Ex 27,2; 29,12; 1 Re 1,50). En el A. T., Dios se hacía presente en el altar (Ex 24,6). En el N. T., Jesús es, a la vez, sacerdote que ofrece, víctima ofrecida y altar de ofrecimiento (Jn 17,19). Su cuerpo es el nuevo templo, en el que sólo hay un altar, que es El mismo (Jn 2,21). El altar es santo en razón de lo que significa. Por eso, jurar por el altar es lo mismo que jurar por lo que hay en él (Mt 23,19). Nadie debe acercarse al altar con el corazón airado; la participación en el sacrificio -en la Eucaristía- tiene que hacerse en perfecta armonía con el prójimo, en caridad fraterna (Mt 5,23ss). Vale más reconciliarse con el hermano que acercarse al altar a ofrecer el sacrificio o a participar en él. culto; templo; sacrificio.
E. M. N.
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