Alma
La palabra «alma» se deriva del latín «anima» y esta del griego «psyche», que a su vez traduce el vocablo hebreo «ne». Una palabra polisémica. Por eso, las traducciones al castellano son muy variadas: vida, hombre, persona, fuerza vital. Originariamente «alma» significa «garganta», «cuello», pasando luego a significar «aliento», «soplo», «respiro». El alma convierte al hombre en un ser que respira, es decir, que vive. De aquí las diversas acepciones con que se emplea:
1. Designa la vida física con las variadas connotaciones de conservación, de entrega, de riesgo e incluso de inmolación, a imitación de Jesús (Mt 2,20; Lc 21,19; Mc 10,45; Mt 20,28; Jn 13,37s; 15,13). Ejemplos típicos que conviene citar: «Porque quien deseare poner a salvo su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Pues ¿qué le aprovecha al hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? Porque ¿qué puede dar un hombre a cambio de su vida? (Mc 8,35-37). Este también es el sentido de otros textos que con frecuencia se traducen por «alma», en lugar de «vida.
2. Por metonimia sirve para designar al «hombre», «al yo», «a la persona». Y esto, tanto en singular como en plural (Mc 3,4 y par.; Lc 6,9).
3. El alma aparece como «sede y portadora de la vida espiritual» con connotaciones ultraterrenas, aunque pueda traducirse por «vida» (Mt 10,28 a. b; Mc 8,35. 36. 37). Con la expresión «soma» y «psyche» (Mt 10,28) se indica al hombre entero, pero no sólo en cuanto a la existencia terrena y limitada, sino también con respecto a la vida integral y genuina dada por Dios. Así también en el evangelio de Juan (10,11. 15. 17; 15,13 (se refiere a Jesús); 13,37s (se refiere a Pedro). Este carácter polisémico de la palabra «alma» ha impulsado a la antropología empírica y a la teología a sustituirla por «hombre» o «persona».
de Villapadierna
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